Me bajé del estrado y me dirigí a la antesala de las habitaciones. Ahí un hombre me recogió todos mis bienes, que se reducian a una cartera con unos cuantos pesos y muchos recuerdos y mi inseparable libreta de apuntes. De inmediato me tomó los datos y los anotó en la bitácora
-¿Nombre?- Me preguntó aquél, con una voz casi militar
-Heinrich, Heinrich von Strauss
-¿Edad?
-18 años
-¿Alergias?
-Acido acetilsalisílico y al chocolate
-¿Es o ha sido homosexual alguna vez?
Ok... lo de las alergias se perdona, luego sabrán porque. Pero la pregunta de la homosexualidad si me sacó de onda. ¿Será que no les dan rehabilitación por su condición?... yo creo que ellos merecen terapia igual que todos, aunque pensándolo bien, así es mejor... uno está con sus compañeros de staja toda la noche y sin vigilancia... debe ser uno de esos lugares en los que pocos quisieran estar...
-No
-¿Adicciones a otra sustancia que no sea el enamoramiento?
-No
-Tome estas pastillas, las instrucciones están en la etiqueta. Vaya a los cuartos. Su habitación es la 5 y le toca la cama 45.
Tomé el frasco que se rotulaba "Resignotol". Decía que había que tomarse una cada noche. Había un vaso con agua en la mesita de a lado de cada cama, así que en cuanto llegué me tomé la dosis que me correspondía. Pensé que esa pastilla me volvería a la normalidad o al menos me regresaría un poco de conciencia.
Al momento de ingerirla no pasó nada, pero unos cuantos minutos después... ¡Oh, amigos! Me encontraba en el suelo de la staja como si me hubieran propinado un rodillazo en las costillas. El dolor, el mareo, las nauseas y unas terribles ganas de vomitar.
-¡¡Ahhhh... que alguien me ayude!!- Gritaba yo mientras me revolcaba en el piso, sudando y tembloroso.
Nadie acudió en mi auxilio y después de unas arcadas, me liberé del dolor habíendo dejado mi estómago limpio en un sólo y agónico movimiento... o al menos eso pensé.
Cuando logré enfocar de nuevo, vi el charco a lado de mi, ¡Oh... hermanos! Fue horrible... lo que pensé que era sólo una laguna de vómito, tenía una forma de corazón... pero no de esos que ponen en las tarjetas, si no un corazón anatómicamente perfecto, con las venas y arterias palpitando armoniosamente sus últimos compases
Eso no tenía sentido, pensé yo... si hubiera vomitado mi corazón no podría estar narrando esta historia. ¿Pero que había pasado entonces?... Caí inconciente entre el dolor y la angustia de haber escupido mi propio corazón...


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