domingo, 27 de septiembre de 2009

EA IX: Terceras personas

-Pájaros a 50 pies, justo frente a nosotros. ¡Prepara el arpón!- gritó el capitan.
-Sí, señor- respondió Jack, uno de los soldados más hábiles de su tropa

Iban a caballo 2 hombres uniformados y con un mosquetón en la espalda, lidereando a un pequeño regimiento de una decena de hombres que cruzaban el desierto buscando a otros de sus hombres que llevaban un par de días de retraso.

Todos pararon en seco. De la carreta sacaron un pesado artefacto de acero. Pusieron el tripie en la arena; austaron el ángulo de disparo, retacaron el cañon de pólvora, pusieron una mecha e insertaron un harpón.

-Harpón listo

El capitan bajó de su caballo y sacó un poco de rapé que llevaba consigo. Llevaban todo el día en la misión de búsqueda y llevar comida de vuelta a la base valía mucho más que completar una simple misión de rutina.

La torreta medía un poco más de metro y medio y era lo último en tecnología militar. Desde luego era experimental: muchos desconfiaban del uso de la pólvora por sus orígenes más bien arcanos. Sin embargo Jack sabía usarla a la perfección, pues él mismo había ayudado a diseñarla, así que alineó la mira con una de las aves y con un sonoro y certero disparo la derribó del aire, enganchándola.

-¡Blanco afirmativo! ¡Denle vueltas a la manivela.

Tres hombres le dieron vuelta a la manivela que enrollaba la soga a un cilindro de acero, arrastrando al ave hacia ellos.
El capitan subió a la carreta por unos binoculares para observar los alrededores. No tanto porque
buscara algo en particular, si no porque no había nada mejor que hacer. Nada en el horizonte, excepto
arena y cactus ya que las otras aves de la parvada se habían ahuyentado.

-Listo señor, pero no va a creer...-Jack se quedó mudo a media frase señalando el cadaver aún enganchado en la arena.
-¿Qué tiene de extraordinario?-El capitán escupió al suelo y se aproximó al pájaro.

Con casi 2 metros de envergadura, un plumaje exclusivamente negro, patas negras y escamosas no
había poca cosa de la cual sorprenderse. Pero desde que llegaron a aquél lugar hacía 10 años ya se
habían acostumbrado bastante al tipo de flora y fauna fantástica que los rodeaba. Lo realmente
preocupante era lo que llevaba dentro del dentado pico, salpicado de sangre: nada más y nada menos
que un dedo humano.

-¡Por todos los demonios...! ¡Suban a los caballos!... Vamos ahora mismo... Quizas sea...

Guardaron prontamente el cañón en la carreta, montaron sus caballos y arrancaron a la zona donde sobrevolaba la parvada. Bajaron a revisar y detras de unas piedras encontraron más restos humanos y algunas de sus pertenencias.

-Tal como me lo temía, soldado... es la compañía que enviamos a explorar el mes pasado. Mira...


Le pasó a Jack un casco que en efecto, tenía el escudo de armas de su antiguo reino. También regadas a su alrededor provisiones: zurrones, paquetes de pólvora, algunas armas regadas y algunos de esos bastones misteriosos que habían encontrado en las ruinas donde fundaron su pueblo.

-Creo que podríamos usar algo de esto. Lleve todo lo que sirva a la carreta... traiga una pala para enterrar lo que queda de estos pobres bastardos.

Revisaron todo. Hallaron alguno de comida caducada y maloliente. Lo realmente misterioso fue encontrar las cantimploras casi intactas.

-Pues de sed no murieron, señor... las provisiones de agua son abundantes- Le dijo uno de sus hombres, pasándole una bota totalmente llena.
-¿Qué demonios pasó entonces?...-Se preguntó horrorizado el capitan mientras paseaba sus impacientes
dedos entre su desaliñada barba.
-Hay cosas que es mejor no preguntarse, señor...-Respondió otro, quitándose el casco en señal de respeto y persinándose.

Empacaron munición, el agua y los bastones. A unos cuantos pasos cavaron un hoyo lo suficientemente
profundo para que sirviera de fosa común y depositaron los restos. Dejaron simbólicamente los mosquetones a medio enterrar a la cabeza de la tumba coronados por los cascos que encontraron.

Estaban a punto de subirse de vuelta al camión cuando el capitán notó que algo se movía.

-¿Ves eso de allá?-Un soldado le señaló a Jack un montículo de arena-¡Se acaba de mover!

Fueron a ver y efectivamente encontraron un hombre aún con vida parcialmente enterrado en la arena.

-Aún respira, pero tiene graves quemaduras en todo el cuerpo... vamos a llevarlo a la enfermería.

Entre los 2 subieron a aquél hombre inconciente a la carreta, acomodándolo en la parte de atrás junto al
ave. Efectivamente estaba horriblemente quemado por el sol, como si hubiera pasado días enteros a la
interperie. Su torso desnudo estaba lleno de sangre, tenía un improvisado torniquete en el brazo y unos
vendajes en la frente.
Llegaron en unos cuantos minutos de vuelta a la base

-Bienvenido, Capitan Berg- El soldado que cuidaba la entrada se retiró de su emposte para que pasara la compañía.
-Tenemos un hombre herido, avisa a la posada de Dürrenmatt...-respondió un cadete que estaba en la carreta.
-Sí señor- hizo un saludo marcial y corrió a la enfermería

La base en sí era un auténtico prodigio. Había en total 4 guarniciones con una pequeña torre de vigilancia cada una para proteger a la incipiente cuidad de cualquier ataque. Cada una contaba también con una pequeña armería y un hospital en sus facilidades.
Al llegar a la posada, el capitan Berg y Jack bajaron a aquel hombre en una improvisada camilla que hicieron con el techo de la carreta y fueron directamente con Sir Aldous; el barbero del pueblo, quien lo recibió de inmediato.


-Inconciente, respira lento... tiene quemaduras graves en todo el cuerpo, ha perdido muchos liquidos- removió el trapo de su brazo- herida infectada en el codo derecho... ¿Dónde lo han encontrado?- Preguntó Dürrenmatt luego de un vistazo inicial.
-A unos 20 kilómetros al norte de aquí... -contestó Jack.
-¿Tienen idea de quien pudiera ser?- preguntó mientras le pasaba un trapo empapado en vinagre por las heridas a aquel hombre-

Ambos hombres negaron con la cabeza. Fuera quien fuera sentían realmente pena por él.

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